TEMPLOS Y CONVENTOS

 

Por: Dirección de Sitios y Monumentos

Introducción.   El Centro Histórico de la ciudad de Santiago de Querétaro sintetiza en sus calles, plazas y jardines, la historia de mas de cuatro siglos y medio de arquitectura y vida. Sus templos, fachadas y fuentes expresan con la elocuencia de sus formas, colores y sonidos, la memoria de un mundo repleto de recuerdos donde las corrientes arquitectónicas como el barroco, el neoclásico y el eclecticismo, le imprimieron a la ciudad un sello distintivo muy especial, hilando sueños y caprichos en portadas, claustros, y patios de edificios que se convirtieron con los años en verdaderas joyas de la arquitectura mexicana. Bóvedas, cúpulas y torres de cantera, argamasa y azulejos se levantan majestuosas hacia el cielo como testimonio fiel de la religiosidad de sus generaciones. Los frailes y monjas de las ordenes del clero regular como: la franciscana, carmelita, jesuita, dominica, agustina, y mercedaria, entre otras, además de la posterior presencia del clero secular, le dieron a la urbe queretana un discurso repleto de formas y contenidos. Creando así, para Santiago de Querétaro, un repertorio monumental único en el mosaico de las ciudades  mexicanas del Patrimonio Mundial. Desde su fundación en 1531 y durante todo el Virreinato, los espacios religiosos estaban íntimamente ligados a la educación y a la asistencia médica que el clero, representado por los frailes regulares y las monjas, primero, y el clero secular a partir del siglo XVII manejaban de manera bastante eficiente tomando en cuenta las vicisitudes de la época. Estos espacios también estaban íntimamente relacionados con los espacios públicos y las principales calles. Sus edificios, incluso, tenían relación directa en muchos de los casos con los Caminos Reales, situación que influyó enormemente en la composición y ordenamiento de sus edificios, la traza urbana y el perfil de la ciudad. Las siluetas de los templos, conventos, capillas, así como los múltiples espacios abiertos de sus atrios, patios, claustros y huertas fueron configurando la imagen urbana de una ciudad en constante cambio. Inmersa en este escenario, la arquitectura religiosa se convirtió en fiel depositaria de grandes tesoros tangibles e intangibles. Desde la primer capilla franciscana del siglo XVI en La Cruz que dio origen al actual conjunto conventual, hasta las más sobrias y académicas formas del neoclásico del siglo XIX del templo y convento de las Teresas, cuyo proyecto se atribuye al arquitecto y escultor Manuel Tolsá, así, encontramos las mas variadas y exuberantes combinaciones del arte barroco de los siglos XVII y XVIII. De esa manera, surge un barroco queretano con todo tipo de recursos formales como son las composiciones que fueron decorando fachadas, portadas y retablos de un marcado sabor regional. Así, vemos columnas salomónicas, tritóstilas, estriadas, y almohadilladas como en San Agustín, Santa Clara de Jesús, Santa Rosa de Viterbo, San Francisco, San Antonio de Padua, entre otros ejemplos que son verdaderos muestrarios de los recursos formales que utilizó el arte barroco en su paso por la ciudad. Con acentos muy especiales como el barroco en sus últimas manifestaciones de principios del siglo XIX de las columnas neóstilas del segundo cuerpo del templo de San Felipe Neri, o los bajorelieves, las imágenes y claves talladas en el claustro de San Agustín, o las columnas de madera estofada en oro en el retablo de San Juan Nepomuceno en el interior del templo de Santa Clara de Jesús, o la pintura mural del siglo XVIII en las fachadas de Santa Rosa de Viterbo, casos singulares que le dan un acento artístico especial al lenguaje arquitectónico utilizado. En general, ejemplos formales que dejaron su huella, no solo en la capital del estado, sino que tuvieron una gran influencia a lo largo de los 18 municipios que lo componen, así como en toda le región del Bajío, con sellos particulares y tan variados como la historia misma de las sociedades que los produjeron.